Rosa y Joaquín

El alcohol hacia efervescencia en ella. La conversación que había mantenido con sus colegas unos minutos antes hizo que su cabeza volara por unos rumbos que sabía de su peligrosidad, pero provocaban una excitación mayor. Sonreía por dentro, con una complicidad interna incomprensible. Rosa, salió de su trabajo al mediodía, almorzó y se dirigió a cumplir con el turno que había reservado en la peluquería. Cuando estaba en su auto, su cerebro empezó a maquinar como enfrentarlo a él, verlo, y provocar un encuentro de toda una noche. Siguió de largo, no fue directo a la peluquería, lo iría a ver por unos minutos, se dijo, arreglaríamos algo, y después a la peluquería; sin más y envalentonada por la cerveza que llevaba encima, cambio el rumbo. Eran las dos de la tarde, el sol y el calor se hacían sentir.

¿Duermes?, fue el mensaje de texto que le mandó al Zorro; ese era el apodo que ella usaba en su teléfono celular para ocultar su identidad. Él contestó en seguida: “estoy en eso, cansado hoy no paré en toda la mañana”. Rosa manejaba en dirección al departamento de Joaquín, mientras leía los mensajes. Estacionó en la esquina, disimulado al auto. “Abrime”, fue el próximo mensaje de ella. Esperó unos minutos y él salio a recibirla. Al subir la escalera se podía descubrir, el típico desorden de un departamento de un hombre soltero.

Joaquín o el Zorro para ella, era delgado, fibroso, de estatura media, poseía un rostro anguloso algo tosco que a Rosa le parecía sumamente atractivo. Veía en él la pasión en persona, estar a su lado le provocaba un ardor en el centro del pecho que le fascinaba. No era un hombre fácil, su vida e historia eran demasiadas complicadas, con un camino demasiado recorrido a sus 33 años, pero la peligrosidad de lo prohibido le atraía cada vez más. Más de una vez él le había dicho basta, ella se había dicho basta, pero los dos se provocaban con palabras hirientes, miradas con odios y de pronto besos intensos. Rosa era consciente que no llegaba a nada, pero cuando su pasión no daba más y cuando la autosatisfacción no era suficiente, y necesitaba un beso, en el que primero pensaba era en Joaquín.
Ah! ¿Todavía estás comiendo?, fue lo primero que dijo. En la mesa de plástico blanco, estaba la comida de rotiseria, milanesa de pollo, matambre y ensalada rusa. Ella pensaba: jamás podría comer así en este desorden. Se sentó a su lado a observarlo comer, mientras conversaban de cosas superfluas; de los gastos, su nueva afición por los karting, su decisión de abandonar ese departamento y volver con su ex mujer por que los números no le dan.¿Volver con su ex mujer, por que los números no le dan?, ¡por Dios! pero, ¿en que cabeza cabe?. No entendía su determinación, o ¿era por la comodidad por llegar a su casa y tener un sirvienta que le tenga todo listo? o ¿realmente la quería? Pero Rosa, hace tiempo había decidido no opinar, ni pensar sobre el asunto, tenía solo unos minutos para disfrutar su compañía, entonces haría eso. En ese departamento están los dos, Rosa y Joaquín, nadie más. No tendría porque invocar a otra persona para arruinar el momento.

A Rosa, todavía la cerveza estaba haciéndole efecto, una cierta modorra le recorría el cuerpo. Joaquín terminaba de comer, llevaba el torso desnudo por el calor, dejando mostrar ese pecho amplio y ese vientre firme que tantos deseos le provocaban a ella. El Zorro, sabía del atractivo que poseía, y lo vivía aprovechando. Cualquier ocasión era buena, para levantarse disimuladamente la camisa y mostrar como quien no quiere la cosa sus abdominales marcados. Era como que quería demostrar algo, nunca ella entendió eso.

Hubo un tiempo en que Rosa y Joaquín fueron pareja, novios según él, pero solo duraron cuatro meses. Él venía de una separación, de trabajo, familia, un hijo de por medio, con la decepción de sentirse solo sin una compañía que lo apoye. Al tiempo de comenzar la relación se dio que cuenta que podía explotar tu sex appeal, y ¿por qué conformarse con una sola si podría tener una jauría de perras que le den placer? Se desconectaron por un tiempo, Rosa sufrió la traición a muerte. Ella se había enamorado perdidamente de Joaquín; su dulzura y compañerismo la cautivaron, sobre todo lo que más atraía de él era la tenacidad a superarse, de hacerse solo, en una palabra lo admiraba por su independencia. Pero él era un zorro, y ya era tarde para darse cuenta de su naturaleza. Pues bien, ahora con las cartas sobre la mesa, comenzaban a llevarse mejor.

Tengo sueño, vamos a dormir una siesta, dijo Rosa, bueno, contesto Joaquín mientras se dirigía al baño, Rosa entraba en la habitación y se acostaba en el colchón que descansaba en piso. Acurrucada en el extremo derecho del colchón, dormitaba esperándolo a él. Joaquín se recostó a su lado, como dos amantes se abrazaban y reían. Rosa hundía su cabeza en su cuello oliendo esa fragancia ácida de su piel, mordiéndolo suavemente con sus labios. Amaba clavar su nariz en él, sintiendo el roce de su cabello en la frente. Disfrutaba olerlo, era como un cachorro que identifica a su madre.
¡Vos no servís! le decía mientras la besaba tiernamente los labios y la abrazaba fuerte. Su lengua buscaba la de ella y la pasión comenzaba a correr. La sangre pronto circuló a lugares inhóspitos. Él la abrazó y la subió a su cuerpo mientras de besaban. Y que no, ¿qué yo ya no te provoco nada?, le susurraba Rosa a Joaquín mientras sonreía y no dejaba de besarlo. Él le contestó con una risa irónica. En su última pelea ella trataba de seducirlo con sus besos y Joaquín de manera despectiva le decía: “basta, vos a mi ya no me produces nada, no tengo nada para vos”. Ella se sintió dolida, y no faltaba oportunidad, para demostrarle que lo podía, que una mirada, una caricia o un simple beso suyo lo excitaba. De un tiempo a esta parte Rosa, había aprendido a manejar su sensualidad y comenzaba a creársela más. Era bastante atractiva y deseable a cualquier hombre, pero la ruptura con Joaquín la sumió por un tiempo en un bajón incomprensible.

Las manos de Joaquín no dejaban de acariciarla, los besos eran más y más profundos sus dientes mordían la lengua de Rosa y succionaba. Él tomó una mano de Rosa, la llevó a su sexo que se encontraba tieso, y Rosa comenzó a masajearlo mientras el besaba sus senos y mordía suavemente sus pezones. La pasión se encontraba en esa habitación. Él la tomo por la cintura y trató de bajarle los jeans, ella respondió con un “no”. La verdad no era su objetivo el de tener sexo ahora, sino que él prometieran que tendrían una noche juntos. El fuego ya no se podía parar y sus cuerpos se restregaban, olían, sentían con brutalidad. Poco a poco ese juego hizo que Rosa terminara sin su jean, y con el sexo de él apuntándole, la penetró con fuerza: ¿querías sexo violento? tomá!!, sintió que le decía. Y la cabalgata comenzó por los valles del placer, los gemidos de Rosa lo inundaban, le encantaba sentir como se retorcía de placer. Las piernas de ella abiertas como quien recibe a un hijo se enlazaban a su cintura. En un solo tirón de pronto se hallaban sentados uno encima del otro, los movimientos eran rítmicos, se podía ver como el miembro de Joaquín la llenaba por completo. De un giro ella se recostó y él se arrodillo, alzó las piernas de Rosa sobre su cabeza, el roce intenso provocaba un calor interno en ella que desbordara en mieles. Gritaba, entonces el hundía sus dedos en la boca para saciar su deseo, y lo chupada y estrujaba como quien bebe de una fruta.

Se gozaron intensamente, él se regocijaba de la humedad que ella le brindaba y Rosa sonreía de placer escalando su cuerpo. Sus manos pequeñas trigueñas, resaltaban sobre el pecho rosado de Joaquín apoyadas sobre el, subía y bajada como una niña inocente lo hace en un juego de plaza. Arriba, abajo, y la fricción del dedo del Zorro contra su pistilo, la hizo llegar a un orgasmo. Ahora me toca a mí susurro, las caderas de él empezaron a moverse con agilidad y sintió como una oleada de calor lo cubría, le subieron los colores a la cara, y el clímax llegó.

Todavía con él adentro, Rosa se recostó sobre Joaquín. La letra de la canción se hacía realidad, la culpa de todo fue por lo que tomó. Abrazados se besaban como si fueran las personas que más se aman en el mundo. Él la acariciaba la espalda, la cintura, ella le daba pequeños besos por su rostro. Rosa pensaba en esos momentos: “tal vez me quiera”, aunque más no sea en estos instantes. Joaquín tomó su celular, y puso música, ella acurrucada a su lado, soñaba con las palabras del cantante. Escondiendo la cabeza entre el hombro y la cabeza de él, Rosa sollozaba mientras el poeta decía: “…puedo ponerme triste y decir que me basta con ser tu enemigo, tu todo, tu esclavo, tu fiebre, tu dueño y si quieres también puedo ser tu estación y tu tren, tu mal y tu bien, tu pan y tu vino, tu pecado tu dios tu asesino, o tal vez esa sombra que se tumba a tu lado en la alfombra, a la orilla de la chimenea a esperar que suba la marea……a esperar”. Él se dio cuenta, la acunó en sus brazos, y besó en la frente, porque sabía cual era el motivo. Fue tierno, cuidadoso, los besos llegaron a miles. En ese momento Rosa, sentía una dulce tristeza.

Poco a poco se fueron reincorporando. Sus cuerpos volvían a la realidad de la vida cotidiana. Era ya hora de comenzar a trabajar. Y otra vez el juego de pelear por el día a día. Joaquín acompaño a Rosa a su auto le dio un beso y se despidieron. Ella puso un CD y se fue escuchando Hold on de Limp Bizkit, esperando volver a tener sus dos horas de amor furtivo.

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Now playing: Limp Bizkit – Hold On
via FoxyTunes

~ por la dueña en Octubre 9, 2007.

3 comentarios to “Rosa y Joaquín”

  1. wow… muy buena historia!… hay tanta realidad, que me llevaron a recordar mi historia… Aunque hoy mi realidad es otra, ahora que recuerdo ya no duele, simplemente sonrío para mis adentros y me digo… Bueno, aunque sea goce!

    india_bonita7420

    Saludos hasta allá, desde acá

  2. te puedo decir que es la primera vez que envidio a un joaquín. continua así. un placer.

  3. Humbert: gracias por tus comentarios, fue un placer escribir esta historia, tanto como vivirla. Y la verdad que si yo fuera tu, también envidiaría a Joaquín, porque una Rosa como esa no se la debe dejar marchitar.
    Voy a tratar de continuar así y colmar las expectativas, Besos!!

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