Esa noche, cuando se vieron tenían toda la presión encima. Los dos sabían que otra noche así, juntos no iban a pasar, por lo menos en por un buen tiempo.
El estaba cansado, pero no le importaba. La deseaba demasiado, tal vez la amaba , como para perder otra oportunidad de sumergirse en su cuerpo. Ella vibraba a su lado. Se encontraba triste, pero no pensaba arruinar el momento demostrándolo.
Lo miraba y pensaba en lo raro que es la vida. O en lo raro que somos los seres humanos. El era capaz de producir las sensaciones más tierna que jamás sintió y al mismo tiempo las perversiones más bajas. Y eso le fascinaba. A su lado podía ser una pobre chica desvalida ingenua y la perra sedienta que llevaba oculta.
Y llegaron. El infierno estaba esperándolos.
El se dio una ducha, había estado trabajando a su lado, ella se fue a cambiar. Quería que la noche fuera, la noche. Conjunto rosa de encaje con portaligas y unas sandalias charoladas negras con altísimos tacos. El empeine del pie formaba un arco tan bello y sensual.
La noche y el infierno provocaba, excitaba, destilaba sensualidad por todas partes y ganas de gozar. Se abrasaron intensamente los labios de ella, recorrían su cuello, jugaron con su orejas, empezó a bajar suavemente, recorriendo su pecho. Dejando una estela de saliva a su paso. dibujando son su lengua y labios el camino hacia el paraíso…en el infierno.
La imagen de ella era , arrodillada ante el son su conjunto rosa bebe, engulliendolo suavemente. Ella levantaba su mirada podía ver los ojos celestes de su amante brillar ante el trabajo de ella. El la levantó del suelo, la besó intensamente y empezó a desvestirla.
-¿Vamos al jacuzzi? le pregunto.
-Vamos, le contesto ella.
Después de la peripecia de ella para entrar al yacuzzi, los dos se sumergieron entre la espuma acompañados por una copa de champagne. Sin querer el diablo y alcohol estaban unidos haciendo de las suyas en el agua.
Los dedos curiosos de él, buscaban el sexo de su amante, mientras con su lengua recorría su cuello, haciéndola suspirar.
Se la notaba cada vez más nerviosa, el con tranquilidad y parsimonia hundía un poco más su dedo, como hurgando cada rincón, buscando el punto exacto de presión. María vibraba cada vez más. Es contradictorio, María en el infierno gozando como perra, amando como virgen a su amante. Pero así es la pasión la lujuria, el sexo, el amor.
-Te gusta perra? te encanta verdad?, le decía
-Si, contestaba María con un hilo de voz. Su cuerpo se torcía con cada presión del dedo adentro de ella, y sentía como sus labios se hinchaban. Apretaba los ojos fuertes, soñaba estar en el limbo, aunque el fuego del infierno la consumía. Su cuerpo se flotaba en el agua entonces se decidió a poseerlo ahí mismo.
Se subió a horcajadas sobre él, tomo su miembro entre su manos y lo introdujo. Podía hundirse en él, en su mirada mientras le acariciaba su melena. Le encantaba verlo así entregado, con su pelo largo suelto mojado. Lo miraba y se excitaba más y se movía con más fuerza.
con cada movimiento rozaba sus pezones en los labios de él y se lo sacaba.
Entonces sin más él tomó con su mano un seno y lo mordió, desesperadamente mientras ella tiraba su cabeza hacia atrás soltándose el cabello. El fuego los consumía. Entonces decidieron terminar su labor en la cama.
Ella se acostó boca arriba mientras él la recorría con su boca por todas los labios de María. La dio vuelta y levantado su cadera la penetró.
Los gemidos de María llenaban el ambiente, sos mi perra le decía él y ella a través del espejo le afirmaba con la mirada sin tener fuerzas para contestar….
¿Quién dijo que el infierno no se encuentra placer?

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